JUNTANDO LETRAS

Carta a Pepito


Querido Pepito,

Cuando leas esta carta no quiero que pienses que nuestra relación se ha acabado. Al igual que los buenos vinos lo hacen, ambos hemos madurado y seguir juntos como hasta ahora no nos hace ningún bien. Aun así, quiero darte las gracias porque sé que apareciste en mi vida para ayudarme y lo hiciste sin que tuviera que pedirlo. Sé que ahora también me va a costar mucho hacer que te marches pero poco a poco conseguiré poner distancia entre nosotros. Quiero agradecerte todas aquellas veces que he conseguido cosas increíbles con tu ayuda, y espero poder seguir contando con ella en el futuro. Lamentablemente, no podemos seguir compartiendo nuestro día a día.

Sin ánimo de buscar culpables, sí que me gustaría hacer un breve repaso de todos estos años que llevamos juntos. No sabría decir cuando apareciste ni porque, pero tengo la sensación de que has estado ahí siempre. Con los años, y a medida que mis problemas crecían en número e importancia, tú también te ibas haciendo más y más grande cada vez. Creo que me protegiste demasiado hasta el punto de convertirme en una persona casi transparente, llena de miedos, de obligaciones, de exigencias y de estrés. Primero me enseñaste lo que era el miedo y más tarde contigo también aprendí todo lo que debía hacer para evitar tenerlo. Ese exceso de exigencia me convirtió en un superviviente y no en alguien que vive y disfruta de las pequeñas imperfecciones de la vida. Ese exceso de presión me llevo en alguna ocasión a tocar fondo, con momentos de mucha tristeza, de una impotencia muy grande y con picos de estrés y ansiedad merecedores de medicación. Por suerte todo esto ya va quedando atrás.

Ahora poco a poco voy viendo la luz. Es verdad que también tengo algún día gris, pero sin ti afronto los problemas con mucha más claridad y tranquilidad. Ya no me exijo tanto a mi mismo, pero mantengo a la vez ese gusto por las cosas bien hechas. Mi ritmo de vida sigue siendo muy alto, con mucha actividad, pero sin estrés por todas las cosas que quedan para mañana o para un futuro próximo. Ya no trato de llenar mis vacíos con cosas materiales sino con experiencias personales. Ya no siento esa envidia por lo ajeno, ya que me siento muy rico en muchos sentidos y muy satisfecho con lo que tengo. He cambiado Pepito, y debes aceptarlo.

Pero también quiero que sepas que en cierta medida te estoy agradecido. Ahora me encuentro en un momento desde donde casi puedo alcanzar esa felicidad plena que tanto tiempo he estado buscando. Y como todas las decisiones marcan nuestro camino y determinan nuestro momento presente, yo no podría haber llegado hasta aquí sin ti. Es verdad que me hiciste sufrir mucho, pero dicen que las cosas que no cuestan no merecen la pena. 

Si te parece bien, voy a guardar tu teléfono para poder llamarte únicamente cuando te necesite, cuando yo lo decida. Creo que puedes serme de utilidad en muchas ocasiones, pero al igual que yo tengo que saber decidir cuando llamarte, tú también debes de aceptar marcharte cuando ya no te necesite. Ese va a ser el acuerdo entre tú y yo a partir de ahora, y sé que lo vas a aceptar porque no te queda más remedio.

Entiendo que necesites un tiempo para asimilar esta nueva situación así que te pido que no me llames por muchas ganas que tengas de hacerlo. Ya te llamaré yo cuando lo crea oportuno.

Que vaya bien!

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