JUNTANDO LETRAS

Septiembre se merece algo más…


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Todos tenemos asumido que el año comienza el día 1 de Enero. El pistoletazo de salida lo dan las míticas campanadas y en cada casa la primera frase que se escucha siempre es un ‘feliz año nuevo’. Hasta el primer anuncio del año se suma a la fiesta y te recuerda que es momento de tirar a la basura aquel calendario tan ‘cuqui’ de Mr. Wonderful. Acaba de comenzar un nuevo año pero, ¿realmente cambia algo? Después de un par de días festivos (con suerte) volverás a tu rutina de la misma forma que te marchaste. Poco o nada cambia del 31 de Diciembre al 1 de Enero. Por eso a mi me gusta Septiembre.

Septiembre merece ser el verdadero comienzo del año. Se merece unas campanadas y una fiesta con una mesa llena de langostinos. Nadie quiere que llegue porque supone el final de muchas cosas y muy buenas. Pero finalmente llega y todo el mundo lo abraza y se entrega a él de forma consciente o por inercia.

Septiembre es el momento de guardar la toalla y decirle adiós a la playa. Tras unos meses de desconexión total muchos de vosotros volveréis a vuestra triste casa en la ciudad. Volveréis a vuestras costumbres y a recuperar el ritmo de vida normal. Volveréis a decir eso de ‘ahora toca comer mas sano’ y cambiareis ligeramente (en el mejor de los casos) vuestra dieta para tratar de bajar ese kilo de mas que trajisteis de la playa. Y eso en navidades no pasa.

Septiembre es el mes de los buenos y nuevos propósitos. Todo el mundo durante agosto planea empezar algo en septiembre. Las academias, colegios y universidades arrancan sus cursos en septiembre. Los gimnasios se llenan en septiembre de gente que no seguirá por allí a finales de año. En septiembre todo el mundo quiere aprender algo nuevo, estudiar algo nuevo, dedicarse a algo nuevo, incluso buscar un trabajo nuevo.

En septiembre es cuando el mundo recupera su ritmo habitual. Agosto es un mes lleno de carteles de ‘’cerrado por vacaciones’’ y agosto parece el florecimiento del barrio. Locales de nuevo abiertos, con nuevas propuestas e incluso algunos reformados. Laboralmente hablando, Agosto es nulo. El ritmo decae hasta tal punto que algunas empresas ganarían si optasen directamente por cerrar. Septiembre definitivamente arranca a toda esa muchedumbre de las costas y las pone rumbo a sus empleos. Los vagones de metro vuelven a llenarse y las carreteras (tristemente) también. En septiembre los despertadores vuelven a sonar pronto mandando a la mierda la paz y la tranquilidad de esas frescas mañanas donde en la cama se esta como nunca.

En septiembre vuelve el frío en forma de fresquito. Te vuelves a poner un pantalón largo y lo notas raro, pero te gusta porque es algo nuevo. Algo que en agosto solo hacías por obligación o buscando el suicidio. En setiembre te vuelves a arropar en esas mañanas de despertador. En septiembre cierras la ventana un poquito cuando te acuestas. Las tiendas de fast fashion se llenan de punto y abrigos ligeros. Todavía no procede pero ya te los quieres comprar todos y estrenarlos cuanto antes. La nueva colección de septiembre siempre te encanta, siempre, a todo el mundo.

Septiembre es el mes de los coleccionables. Los quioscos de prensa tienen mucho que decir en septiembre. Se llenan de gigantes cartones con pequeñas figuritas de casas de muñecas o piezas de algún barco que ni siquiera conoces. Las revistas que descansan en Agosto (muchas, por desgracia) vuelven a la venta también en Septiembre.

En septiembre volverás a encender la televisión y no podrás decir aquello de ‘no hay nada que ver’. En septiembre vuelve todo. Vuelven hasta las presentadoras del telenoticias que estaban de vacaciones. Vuelven los programas que sueles ver mientras cenas y vuelve La Liga. Y con el futbol también vuelven las quinielas, las tertulias de futbol, el Comunio…

Por todo esto Septiembre se merece ser el primer mes del nuevo año real. Es el mes que pone a todo el mundo y a sus cerebros en su sitio.

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LIVING

El día en que Google empezó a cambiarnos la vida


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Es fácil mirar atrás y recordar. El recuerdo es algo verdaderamente agradable y una capacidad por la que tenemos que estar agradecidos (a quien sea). Los recuerdos nos han ayudado en nuestro camino hasta llegar a ser lo que somos ahora y sin ellos no habría sido posible avanzar. Los recuerdos son una forma ‘poética’ de aprendizaje que se van acumulando y descartando con más o menos aleatoriedad en nuestra cabeza. ¿Significa esto que si dejamos de recordar dejamos también de aprender?

Todas estas divagaciones vienen por algo que me sucedió hace unos días. Puede sonar a que me lo estoy inventando pero os prometo que es totalmente real. El otro día alguien bajo la ventanilla de un coche y me pregunto donde se encontraba una calle! Lo que me llamo la atención fue el hecho de que uno de los acompañantes del coche iba trasteando con su teléfono (smartphone) totalmente ajeno al asunto. Yo no conocía la dirección así que no serví de mucha ayuda pero el caso es que según el coche seguía su errante camino en mi cabeza se dibujo la pregunta: ¿y porque no lo mira en Google?

Reflexione un rato y me di cuenta de cómo Google (ayudado por un desarrollo informático y de comunicaciones inalámbricas brutal) ha entrado en nuestras vidas hasta la cocina construyendo una nueva forma de encarar los problemas cotidianos.

Recuerdo por ejemplo cuando era adolescente y quedaba con mis amigos para dar una vuelta por el centro o directamente quemar Madrid. Teníamos un curioso sistema que intentare explicar de la manera más sencilla que pueda. En primer lugar nos llamábamos al teléfono fijo en orden de forma que cada uno fuese llamando sucesivamente a otro para informar del plan y nadie quedase fuera de este. Fijada la hora se arrancaba en una parada de metro y sucesivamente se iban incorporando amigos al grupo en sus respectivas paradas, siempre a la altura del tercer vagón de la línea 1 y siempre con una diferencia de tiempo calculada con precisión para que nadie tuviese que esperar más de 5 minutos. Era complejo pero a la vez sencillo. No había cobertura ni red de datos por lo que si alguien no aparecía a tiempo simplemente tocaba esperar. Hoy en día este sistema parece impensable y ha quedado a la altura del paleolítico.

Y como este ejemplo se me vienen a la mente muchos otros.

Seguro que más de una vez has intentado poner nombre y remedio a esos síntomas enfermizos que se apoderan de un día para otro de tu cuerpo. El médico de carne y hueso pasa a un segundo plano cuando internet es una gran fuente de información (más o menos fiable) con la que poner nombre y apellidos a tus síntomas y atacar el problema.  Mentirías si dijeses que nunca has buscado información sobre esa chica con la que estas a punto de quedar para tomar tu primer café. Las redes sociales o cualquier otro sitio son lugares perfectos para indagar en su presente y pasado, y Google te pone toda esa información en bandeja. ¿Por qué esperar a conocerla en persona si puedes ir espiando a través de la gran ventana? Por supuesto preguntar por una calle resulta ridículo cuando Google Maps es capaz de casi todo, rápido y con una precisión milimétrica. A veces pienso que si pierdo el norte o no sé qué rumbo tomar en mi vida Maps tendrá la respuesta…

Todo está en Google y por ende cada vez mas información va saliendo de nuestras cabezas. El espacio cerebral es finito. ¿Tiene sentido entonces recordar cantidades ingentes de información cuando esta puede estar almacenada y disponible en tu bolsillo? En mi opinión, creo que estas comodidades del siglo XXI nos estén haciendo más tontos y simplemente ahora disponemos de unas herramientas con las que podemos abarcar muchísima más información. Quizá ya no recordemos la solución al problema pero ahora tenemos las formulas para poder solucionarlo. Probablemente seamos más ignorantes pero a la vez más sabios ‘en potencia’.

Sócrates ya se planteo el dilema de que ‘la escritura acabaría con nuestra memoria’. De esto hace muchos años (y paradójicamente Sócrates lo dejo escrito) y a día de hoy no se podría decir que el hombre tiene menos capacidad de recordar que antes. Quizá esté más acostumbrado a conseguir todo fácil y rápido y probablemente Google tenga la culpa de ello pero no cabe duda de que hombre y maquina funcionan mejor cuando trabajan juntos.

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