ricos y pobres
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La riqueza de las acciones


A menudo leo y escucho frases que aseguran que tras un proceso de crisis o recesión económica los ricos se vuelven todavía más ricos y los pobres, al contrario, todavía más pobres. Nos sabría explicar muy bien el motivo pero, al parecer, las grandes fortunas son menos sensibles a los malos momentos. Por poner un ejemplo gráfico, si la crisis fuese una gran tormenta en alta mar, todas las altas esferas verían hundirse nuestras pequeñas barcas desde su gran transatlántico. Pero lo peor es que cuando la tormenta pasa, las barcas no salen a flote mientras que todas las rentas transatlánticas se ven todavía más reforzadas.

Pero independientemente del tamaño de nuestro patrimonio, hay una serie de comportamientos que a los pobres nos aleja de nuestros amigos los ricos. En resumen, los pobres no aceptamos nuestra situación de pobres y muchas de nuestras acciones van enfocadas a dejar de serlo. Estas acciones, al contrario de significar un ahorro, suponen un gasto extra por una simple cuestión de pertenencia o aparentar lo que no se es. Los pobres, en definitiva, queremos parecer ricos y gastamos como ellos, pero esto nos empobrece más cada día.

Por el contrario, la gente con alto nivel económico no necesita cambiar su posición en la escala alimenticia ya que se encuentran muy arriba. Son leones, y los leones no quieren ser otra cosa que leones. No tendría ningún sentido. Esto les hace mirar la vida con otros ojos…y gastar con relativa tranquilidad.

Los ricos hacen muchas cosas bien. Por ejemplo, sus compras son mucho más meditadas y no responden a un comportamiento emocional o por impulso. La gran diferencia es que lo que para nosotros es un capricho, para ellos es una compra más. Además, lo que para nosotros es un gran desembolso para ellos es un gasto muy pequeño. Y esta es otra de las claves…

Los ricos controlan a la perfección su presupuesto. Con un sueldo mileurista, una persona tendría que dedicar la mitad de su sueldo a pagar una vivienda y, con suerte, esa vivienda tendrá más de 50m2 (aunque esto no es seguro). Los ricos, sin embargo, mantienen la regla de no dedicar más de un 25% a vivienda, un 5% al coche o un 10% al ocio. Y aquí viene la gran bofetada de realidad: con estos porcentajes a ellos les da para vivir en un precioso y espacioso ático, tener el último modelo de BMW en su garaje y planificar unas vacaciones en familia al norte de Italia. Y esto, en lineas generales, es la cruda realidad.

También se dice que el dinero llama al dinero, y en general es cierto. Cuando lo único que acumulamos son deudas entre hipoteca y créditos, el poco dinero que conseguimos ahorrar lo destinamos a amortizar alguno de estos o bien lo guardamos debajo del colchón por si las cosas se ponen feas en algún momento. Las clases pudientes, por el contrario, no tienen deudas, ni créditos ni hipotecas ni miedo. Están al día. Su vida está muy controlada y sus ahorros están bien colocados donde más beneficio producen. Su dinero genera dinero, nuestra pobreza genera intereses a pagar (más pobreza).

Podríamos decir entonces que un rico es rico porque ahorra, porque puede ahorrar y por que sabe ahorrar. Los pobres, seguiremos siendo unos loosers mientras no aprendamos a aceptar nuestra posición y dejemos de gastar pensando en parecer lo que probablemente nunca lleguemos a ser.

Probablemente nuestra única salida pase por la aceptación y por poner en valor todo lo bueno que tenemos. Aunque en este texto me he referido a todas las clases medias y bajas como ‘los pobres’, en el fondo no lo somos tanto. Nuestra generación mantiene un nivel de vida como ninguna antes lo ha conocido. Somos mucho más ricos de lo que pensamos, pero de eso hablaremos otro día…

Disco escuchado mientras escribía este post: FRANZ FERDINAND – “Always Ascending’’

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