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Hygge, la máxima expresión de la felicidad.


En España (perdón por generalizar) somos muy brutos. No se si esta ‘deformación del tacto’ viene de los tiempos en los que medio mundo era imperio de habla hispana o  tiempo después durante la escasez de postguerra. De una forma o de cualquier otra, por aquí no somos muy dados a reparar en la felicidad fuera de ‘comer, beber y divertirse hasta morir’. Somos un pueblo mediterráneo. Somos latinos. Tristemente, en lo que a sensibilidad se refiere, los nórdicos nos llevan años de ventaja.

Los países del norte de Europa no pueden presumir de unas condiciones meteorológicas envidiables. El calor para ellos es sinónimo de radiador y en muchos lugares no ven otra luz que la que da una bombilla. Probablemente se deba a estas penalidades el saber apreciar y valorar los sencillos momentos del día a día. Momentos que pasarían desapercibidos para ti en la mayoría de los casos (si no apartas la vista un segundo de la pantalla de tu móvil).

Tan lejos ha llegado este sentimiento que en Dinamarca ya tiene nombre: hygge. No es una expresión nueva surgida de internet aunque la popularización de esta palabra se debe principalmente a las redes sociales. La expresión comenzó a usarse en el siglo XVIII y no fue hasta el XIX cuando se plasmo en algunos documentos. Es una palabra realmente vieja pero su significado continua siendo perfectamente valido.

Para explicarlo vamos a hacer un ejercicio de imaginación. Piensa por un momento en un día de invierno como hoy. Después de un largo y duro día de trabajo llegas a casa. A tu casa. Dejaste la calefacción programada y, a pesar del frío que hace en la calle, dentro se esta realmente genial. Te quitas los zapatos, te pones cómodo, te preparas un café bien caliente y lo acompañas de un par de galletas. Pones música bajita y te dejas caer en el sofá. En ese momento expulsas todo el aire de tus pulmones y de cabeza brota la expresión: ‘joder que de **** madre estoy’. Pues bien, un danés diría que esta hygge.

Un momento hygge es cualquier situación de felicidad pasada por un filtro ‘sierra’ y merecedora de Instagram. Si tu equipo marca en el descuento y pasa a semifinales, eso ‘es la hostia’. Si bajas al anden y el tren esta llegando a la estación, eso es un ‘puto subidón’. Bajar la castellana con todos los semáforos en verde (imposible, lo se), eso ‘es la leche’. Un día de invierno en una casa de campo, junto a la chimenea, viendo como los últimos rayos de sol entran por la ventana, eso es muy hygee.

La diferencia entre la tienda de muebles de la Nacional II e IKEA es que en la primera estas deseando marcharte y en la segunda te quedarías a vivir en cualquiera de los salones. Nosotros decoramos como el Alcántara que llevamos dentro y ellos lo hacen con mucho hygge. Por eso Ikea triunfa y por eso cada vez mis visitas se vuelven mas largas (a mi chica no hay quien la aleje de ‘tanta felicidad’).

¿Ya te has hecho una idea verdad? Los nórdicos dan mucha importancia a todo aquello que no tienen en abundancia: luz y calor. Por eso los buenos momentos están muy relacionados con ese tipo de sensaciones. Espacios agradables, comidas en familia, bebidas calientes, sol, velas, fuego… Ahora mismo, mientras escribo este post en el Café del Teatro, estoy viviendo un momento hygge. Ya ha caído la noche en Madrid, la luz del local es cálida y tenue, estoy sentado junto a la puerta y puedo ver la gente pasar mientras saboreo mi café todavía caliente. No tengo ningún motivo para estar ‘especialmente feliz’ pero los tengo todos para estar ‘felizmente hygge’.

Medio mundo anda buscando en sus diccionarios alguna palabra que signifique lo mismo. No la tienen. Nosotros tampoco. Los alemanes tienen algo parecido, gemutlichkeit, pero nosotros ni eso.

Para nosotros, la felicidad comparable es una cerveza bien fría un soleado y cálido día de verano en un pequeño chiringuito de Tarifa junto al mar. Tenemos gustos diferentes. Pero internet es global y necesita palabras nuevas cada día. Medio mundo ya etiqueta sus fotografías o comparte sus estados con la etiqueta #hygge. Es quizá es la mejor forma de entender el concepto. Echa un ojo a las fotografías y muérete de envidia…

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libreta maldita casualidad
JUNTANDO LETRAS

Como un niño con cuaderno nuevo.


Llevo ya una buena temporada dandole más importancia en mi vida a lo tecnológico que a lo analógico. No me siento especialmente orgulloso de esto. Definitivamente no ahora.

Amante, como he sido, de cualquier cosa con pantalla, me encuentro a mi mismo diferente en los últimos meses. Quizá el café haya entrado en mi vida de una forma tan radical como lo han hecho ‘los de las rastas’ en el congreso, provocando toda una revolución. Quizá este cambio se deba a mi nueva situación laboral, donde ya no trabajo para una empresa sino que yo mismo soy la empresa. Quizá simplemente me este quedando tonto por consumir tanta contaminación aquí en Madrid. Quien sabe… Ultimamente no me reconozco en absoluto cuando echo de menos el tacto áspero del papel, mi peculiar ‘caligrafía de letras borrachas’ (como así la definió un antiguo profesor) que ya no recordaba o el simple pero intenso olor de un libro.

Es en este punto, concretamente hoy, cuando he preferido entrar en una papelería antes que en la ‘tienda de la manzana’. He entrado y he comprado una libreta en blanco. Como la libreta de Van Gaal pero algo mas grande y mucho más interesante. Una libreta donde apetece escribir. Sus renglones finos y perfectamente paralelos invitan a hacerlo sin descanso. El papel, cada pagina de esta libreta, tiene un color ligeramente amarillento. Parece vieja, pero no lo es. En la parte de atrás se esconde un fino y sutil compartimento donde guardar alguna tarjeta de visita y poquísimo más. Ojalá pudiese guardar en el toda la mala hostia que me entra al oír hablar de tanto ‘corrupto levantino’, pero por desgracia creo que no entra.

Cuando la cierro siento que lo que aquí escribo nunca podrá leerlo nadie. Tremenda tontería. Las tapas son de un negro contundente y hay una especie de elástico que cierra a modo de guardián y protector. No le veo mucho sentido pero queda ‘fino’.

Es una bonita libreta y es una buena forma de comenzar este año. Un año en el que he decidido retomar viejos proyectos personales como este blog que ahora estáis leyendo, el cual fue previamente escrito en esta nueva libreta.

Habreis notado que hay un sutil pero importante cambio de estilo en la web, pero sin duda el cambio mas interesante esta tras el nuevo nombre. MALDITA CASUALIDAD no significa nada todavía pero a la vez esta llamado a significarlo todo. Concentra un buen puñado de aficiones muy personales. Aficiones que van desde la pasión por la música hasta la necesidad de analizar y aportar opinión, pasando por una confesable adicción a la actualidad y hasta el diseño de camisetas inspiradoras.

Me preguntaron cual era la razón del cambio de nombre y también a que se debía el nuevo diseño. Creo que podría responder a ambas preguntas haciendo referencia a mi nueva libreta. A veces sobran paginas en blanco pero un punto de inflexión en nuestra vida nos empuja a dejar atrás una etapa y comenzar una nueva. Estrenamos, por tanto, con ganas este nuevo libro en blanco. ¿Y que es un blog sino la forma digital de una analógica libreta? El cambio, por tanto, no es más que un símbolo de reinvención y renovación.

Bienvenidos a MALDITA CASUALIDAD: un nuevo lugar desde el que ver las cosas.

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JUNTANDO LETRAS

Septiembre se merece algo más…


septiembre september orejas de punta

Todos tenemos asumido que el año comienza el día 1 de Enero. El pistoletazo de salida lo dan las míticas campanadas y en cada casa la primera frase que se escucha siempre es un ‘feliz año nuevo’. Hasta el primer anuncio del año se suma a la fiesta y te recuerda que es momento de tirar a la basura aquel calendario tan ‘cuqui’ de Mr. Wonderful. Acaba de comenzar un nuevo año pero, ¿realmente cambia algo? Después de un par de días festivos (con suerte) volverás a tu rutina de la misma forma que te marchaste. Poco o nada cambia del 31 de Diciembre al 1 de Enero. Por eso a mi me gusta Septiembre.

Septiembre merece ser el verdadero comienzo del año. Se merece unas campanadas y una fiesta con una mesa llena de langostinos. Nadie quiere que llegue porque supone el final de muchas cosas y muy buenas. Pero finalmente llega y todo el mundo lo abraza y se entrega a él de forma consciente o por inercia.

Septiembre es el momento de guardar la toalla y decirle adiós a la playa. Tras unos meses de desconexión total muchos de vosotros volveréis a vuestra triste casa en la ciudad. Volveréis a vuestras costumbres y a recuperar el ritmo de vida normal. Volveréis a decir eso de ‘ahora toca comer mas sano’ y cambiareis ligeramente (en el mejor de los casos) vuestra dieta para tratar de bajar ese kilo de mas que trajisteis de la playa. Y eso en navidades no pasa.

Septiembre es el mes de los buenos y nuevos propósitos. Todo el mundo durante agosto planea empezar algo en septiembre. Las academias, colegios y universidades arrancan sus cursos en septiembre. Los gimnasios se llenan en septiembre de gente que no seguirá por allí a finales de año. En septiembre todo el mundo quiere aprender algo nuevo, estudiar algo nuevo, dedicarse a algo nuevo, incluso buscar un trabajo nuevo.

En septiembre es cuando el mundo recupera su ritmo habitual. Agosto es un mes lleno de carteles de ‘’cerrado por vacaciones’’ y agosto parece el florecimiento del barrio. Locales de nuevo abiertos, con nuevas propuestas e incluso algunos reformados. Laboralmente hablando, Agosto es nulo. El ritmo decae hasta tal punto que algunas empresas ganarían si optasen directamente por cerrar. Septiembre definitivamente arranca a toda esa muchedumbre de las costas y las pone rumbo a sus empleos. Los vagones de metro vuelven a llenarse y las carreteras (tristemente) también. En septiembre los despertadores vuelven a sonar pronto mandando a la mierda la paz y la tranquilidad de esas frescas mañanas donde en la cama se esta como nunca.

En septiembre vuelve el frío en forma de fresquito. Te vuelves a poner un pantalón largo y lo notas raro, pero te gusta porque es algo nuevo. Algo que en agosto solo hacías por obligación o buscando el suicidio. En setiembre te vuelves a arropar en esas mañanas de despertador. En septiembre cierras la ventana un poquito cuando te acuestas. Las tiendas de fast fashion se llenan de punto y abrigos ligeros. Todavía no procede pero ya te los quieres comprar todos y estrenarlos cuanto antes. La nueva colección de septiembre siempre te encanta, siempre, a todo el mundo.

Septiembre es el mes de los coleccionables. Los quioscos de prensa tienen mucho que decir en septiembre. Se llenan de gigantes cartones con pequeñas figuritas de casas de muñecas o piezas de algún barco que ni siquiera conoces. Las revistas que descansan en Agosto (muchas, por desgracia) vuelven a la venta también en Septiembre.

En septiembre volverás a encender la televisión y no podrás decir aquello de ‘no hay nada que ver’. En septiembre vuelve todo. Vuelven hasta las presentadoras del telenoticias que estaban de vacaciones. Vuelven los programas que sueles ver mientras cenas y vuelve La Liga. Y con el futbol también vuelven las quinielas, las tertulias de futbol, el Comunio…

Por todo esto Septiembre se merece ser el primer mes del nuevo año real. Es el mes que pone a todo el mundo y a sus cerebros en su sitio.

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Madrid, cerrado por vacaciones


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Los que vivimos en la capital sabemos que si por algo se caracteriza Madrid es por su frenético ritmo a todas horas. Mañana, tarde y noche. Verano e invierno. De lunes a domingo. En Madrid siempre hay algo que hacer y siempre hay alguien que quiere hacerlo. ¿No es fascinante? Agosto en un mes perfecto para pasar en la capital. Hordas de coches cargados hasta arriba se agolpan en las carreteras para agolparse más tarde en alguna playa del litoral. La ciudad se vacía y parece que se estira, se hace más grande. Paseando (siempre por la sombra) se me ponen los ojos como platos al ver la cantidad lugares para aparcar que encuentro y me dan ganas hasta de comprarme un coche solo para aprovecharlos.

La parte negativa de toda esta migración a las costas y pueblos es la cantidad de comercios cerrados. La ley de la causa-consecuencia. Es en este momento cuando se te ocurre la feliz idea de disfrutar de alguno de tus restaurantes favoritos, esos en los que conseguir mesa se convierte en una utopía, y tu plan se trunca con el trending topic de la cartelería para escaparates: CERRADO POR VACACIONES.

Y no es un ‘cerrado por vacaciones’ comedido al estilo “nos vamos una semanita a la playa y volvemos el lunes”. Es más un “cerrado por vacaciones desde el 15 de Junio al 15 de Septiembre por descanso del personal (estaba muy cansado) y por viaje espacial en busca de vida extraterrestre”. Prometo que no exagero. Bueno, quizá un poco. Pero es que es chocante pasear por el barrio y encontrar más tiendas y bares cerrados que abiertos. Creo que he llegado a ver incluso algún ‘chino’ cerrado pero tampoco me hagáis mucho caso. La mayoría de cafeterías cool a las que suelo ir a trabajar o a tomar un café han echado el cierre este agosto dejándome casi sin posibilidades de tomarme un buen trozo de tarta de zanahoria y esto ya son palabras mayores…

Hablando un poco en serio. Con la que está cayendo, con la crisis galopante, con la competencia feroz que existe, ¿Quién se puede permitir el lujo de cerrar durante un mes? Parece una decisión tomada a locas o simplemente detrás de un mal traído ‘a que no tienes huevos a…’. Si las ‘egobloguers’ no se permiten el lujo de descansar ni en Febrero (el mes más insulso que existe), ¿Cómo pueden hacerlo los comerciantes? Cerrar supone llevar tu suma de ingresos a cero pero manteniendo gran parte de tus gastos fijos (y no son pocos). Además está el riesgo de que alguien de tu competencia prefiera pasar el verano en Madrid y se lleve una parte de tu clientela.

Con esto no quiero decir que los comerciantes no merezcan un descanso (que lo merecen y mucho!) sino que tiene que haber seguro otras opciones. Con cinco millones de desempleados seguro que alguien puede atender el negocio durante un par de semanas. También se puede reducir el horario de apertura y dar descanso a parte de la plantilla en periodos alternos. O quizá la mejor solución pasa porque me marche a la playa yo también con ellos.

Viéndolo de otra manera, ver tantos locales cerrados por vacaciones puede ser un buen síntoma. Como apuntaba antes, teniendo en cuenta ingresos y gastos, si aun así puedes irte de vacaciones y echar el cierre es señal de que el resto de año las cosas te fueron bien. Señal de que tus clientes responden durante el resto del año. Has hecho los deberes y ahora te mereces descansar. ¿Podrían ser estos lo brotes verdes que ve el gobierno?

Demasiadas preguntas y demasiado calor. Creo que me voy a tomar una cerveza…

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MUSICA

Carta abierta a cualquiera con dinero y gusto musical.


rolling stone portadas orejas de punta

Aunque os parezca una tontería estoy bastante preocupado. Me siento como un niño al que le quitan su juguete favorito. Al principio pensé que el culpable de todo era el verano, época del año en la que todo se ralentiza hasta detenerse. Más adelante pensé en el calor, esta ola de calor que enlaza con la siguiente y que no me deja vivir (la culpo de todo, hasta de la muerte de mis plantas). Di un paso más e investigue por internet con la esperanza de encontrar respuesta y la encontré. Como Yoda le dijo a Obi-Wan: “Si a los archivos accedes, solo dolor encontraras…”. Y así fue.

Me di de boca con lo que ya me temía. La revista musical entre las revistas (al menos en España), Rolling Stone, desaparece por falta de fondos o de rentabilidad, o de ambas. Me resulto raro el número bimensual que publicaron en Mayo y ya en Junio mis sospechas fueron todavía mayores cuando su web y sus perfiles sociales se quedaron desactualizados. Una lástima.

Según he podido saber, Rolling Stone busca comprador. Me niego a pensar que realmente la revista musical de referencia en España, con miles de usuarios en sus redes sociales y miles de visitas a su web no sea capaz de generar ni un solo euro de rentabilidad. No es posible. No me lo creo! Además esta revista viene respaldada desde 1999 (fecha de la primera publicación en España) por una red mundial de ediciones bajo el mismo nombre. Vale que haya mucha crisis y que el IVA cultural está pegando de lleno al panorama musical pero esto no es excusa. A mí no me lo parece y una vez más pienso que hay algo más detrás de todo esto (“piensa mal y acertaras”, dice el refrán).

Vivimos quizá el momento más dulce en cuanto a cultura musical se refiere. Nuevos estilos y nuevas tribus urbanas abanderadas de cada uno de ellos (si, el reguetón también…). Cada vez la gente ‘descubre’ y consume más música a través de plataformas de contenidos en streaming. Este consumo legal (de música…) poco a poco le esta ganando terreno a la piratería. El escenario es perfecto para editar buen contenido mezclando música, tendencias, lifestyle, cine, moda… Y Rolling Stone lo hacía! Creo que hay demanda para este tipo de información.

Para poner fin a este vacío musical se me ocurren dos posibilidades. Por un lado podemos plantear un crowdfunding y reunir fondos para comprar Rolling Stone y hacerla renacer como el Ave Fénix. Por otra parte se me ocurre la posibilidad de llenar el vacío que ahora existe con algo nuevo, una nueva plataforma online dedicada a la música tanto nacional como internacional. Esta segunda opción me parece interesante ya que hay un gran vacío en medios en este sentido. En la televisión prácticamente no hay contenido musical. Prensa y revistas pasan por encima y casi ni lo rozan. Internet es el lugar donde se puede ‘rascar’ algo más pero es complicado encontrar algo intermedio entre el mainstream más trillado y el indie más purista.

No pierdo la esperanza de que el calor se vaya y de que Rollong Stone vuelva, aunque quizá soy demasiado optimista…Los amantes de la música estamos de luto. Confío en esta carta para difundir la noticia y hacer llegar el mensaje a lo más profundo de vuestros oídos (y de vuestras carteras!).

#SALVEMOSLAROLLING

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