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JUNTANDO LETRAS

¿Existen pastillas para curar el Jet Lag Social?


Vamos a ponernos en situación. Entiendo que sabes lo que es el jet lag y presupongo que después de alguno de tus viajes en avión lo habrás sufrido en tus propias carnes. Esa sensación de ir al revés que todo, de morir de sueño al mediodía o ‘comer techo’ a altas horas de la madrugada. Algo como si tu cuerpo hubiese viajado atrás o adelante en el tiempo, que en definitiva, es lo que ha ocurrido.

Pues bien, ya no hace falta subirse a un avión para experimentar esta sensación. El mundo de la ciencia (que haríamos sin él) ha identificado un nuevo síndrome y lo ha bautizado con el nombre de Jet Lag Social. ¿No es maravilloso? La primera vez que tope con esta expresión me pareció tan interesante que por un momento desee sufrirla en mis propias carnes. Ingenuo de mi. Indagando un poco más en el asunto, pude descubrir cuáles eran sus causas y sus consecuencias y entendí que ya la estaba sufriendo.

Y probablemente tú también! Y es que el Jet Lag Social es ya un mal generalizado. Por ahora no podemos elevarlo a la categoría de los grandes males del siglo XXI como son el reguetón o Tele5 pero démosle tiempo al tiempo.

Seguro que esto te suena. Jornadas de trabajo largas, bien acompañadas de cafeína desde primera hora de la mañana. Ritmos de vida frenéticos donde nunca se llega a abarcar todo. Jornadas donde el descanso es más que necesario pero para conseguirlo tienes que recurrir a alguna ayuda en forma de relajante. Fines de semana donde el único objetivo es recuperar fuerzas y horas de sueño. Semanas donde 5 días pasan lento y 2 demasiado rápido…

Demasiadas opciones. Demasiados estímulos por todas partes y un solo cerebro para manejar toda esa información. Eso es el Jet Lag Social, el momento en que nuestro cuerpo se desvía del rumbo que marca la naturaleza. Y es que nuestro cuerpo está diseñado para adaptarse a las condiciones de nuestro entorno. Por eso, al llegar la noche se produce una reacción en nuestro organismo que nos empuja a quedar dormidos. De igual manera, con los primeros rayos de sol se desencadena el efecto contrario y despertamos.

¿Podemos evitar estos efectos?¿Podemos engañar a nuestro cuerpo? La respuesta es sí, pero tiene consecuencias. La persiana hasta abajo o la luz encendida hasta medianoche son pequeños hábitos que consiguen alterar el ritmo normal de nuestro cuerpo. Si a ello le sumamos el uso masivo de aparatos cuya pantalla emite luz (móvil, tablet, televisión, ordenador…) estamos potenciando todavía más los síntomas de este Jet Lag Social.

La solución no es fácil. Quizá la más rápida y radical sea la desconexión total, tendencia que gana más adeptos cada día en todo el mundo y consiste en el abandono de todos los perfiles sociales y la vuelta al mundo analógico, que puede llevar incluso a deshacerse del smartphone o la televisión. Un poco extremista. Pero quizá sea esa la dirección. Cada día nos adentramos más y más en el bosque de las redes sociales sin saber cómo vamos a salir. Si hace apenas unos años estas redes se contaban con los dedos de una manos, hoy en día surgen continuamente nuevas e imprescindibles plataformas donde hay que estar para estar en el mundo. Gran error. Cuanto más te sumerges en el mundo virtual, más te alejas del mundo real.

Hagamos un ejercicio. Piensa alguna vez en la que hayas recibido una notificación de alguna red social o WhatsApp y hayas tardado más de 24 horas en atenderla. Yo tampoco recuerdo ninguna. Ahora dime, ¿cómo de importante era esa alerta?. Importante nivel “tu abuela se ha caído y se ha vuelto a romper la cadera, otra vez” o importante nivel “fulanito ha comentado tu foto de las últimas vacaciones con un jajaja”. Seguro que el 99% de tus notificaciones carecen de importancia real, pero sin embargo las atendemos con demasiada rapidez. Una rapidez que nos lleva a no despegarnos del móvil y a consultarlo decenas de veces al día.

También habría que cambiar los hábitos de trabajo. ¿He oído jornadas más cortas o intensivas? Necesitamos tiempo para vivir a nuestro ritmo. No necesitamos tanto dinero para comprar todo lo que la publicidad nos ofrece como imprescindible. No necesitamos trabajar como locos para comprar todas esas cosas. No. Necesitamos tiempo de ocio. Necesitamos dormir 8 horas, pero para ello debemos acostarnos sin ver terminar el Hormiguero. Hay que cambiar demasiadas cosas.

Quizá estemos cada día más cerca de cambiar esta tendencia, más cerca de volver a mirarnos a la cara y a hablar. Quizá el ser humano no está diseñado para comportarse como un robot. Probablemente sea más saludable el bar comparado con Facebook si hablamos de red social.

 

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