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Infobesity, o como la información engorda nuestro cerebro.


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Vivimos un momento en la historia que destaca por la evolución tecnológica y la comunicación. Estas dos, por si solas, no suponen a priori un riesgo pero su combinación y sobre todo su consumo sin control pueden hacernos perder la cabeza. La información llega a día de hoy por todo tipo de canales. Algunos de ellos como prensa, televisión o radio podría clasificarlos como ‘medios de comunicación clásicos’ y considerarlos por tanto como ‘menos dañinos’. Otros, sin embargo, como internet o las aplicaciones para móvil están cambiando nuestra vida y nuestra forma de vivir. La sociedad en conjunto esta  empachada de información por consumirla en exceso. Nos estamos poniendo informativamente gordos.

Estas líneas no son el calentón de un momento. El asunto es serio y tanto polvo ha levantado este nuevo estado mental que ya tiene su propia denominación anglosajona: INFOBESITY. Obesidad informativa. Exceso de información. Exceso de información descartada y de información acumulada, de información que hay que analizar y a tener en cuenta, de información que no puedes ignorar o de información que hoy tiene un valor pero mañana probablemente no.

Por tratar de buscar culpables (algo muy español), creo que el problema viene por la por la combinación de smartphone e internet. Décadas atrás la búsqueda de información era un proceso que se iniciaba siempre de forma voluntaria. Hubo un tiempo ‘analógico’ en el que la información no permitía la interacción del usuario más allá de seleccionar un medio u otro para obtenerla (escribir algún mensaje a bolígrafo en algún libro de la biblioteca no cuenta como interacción). El siguiente paso evolutivo fue la posibilidad de acudir a internet en busca de esa información, teniendo así la ventaja de que esta fuese más actualizada y mucho más extensa. Pero ha sido con la llegada del ‘móvil conectado internet’ cuando sin pensarlo hemos metido todo ese conocimiento e información universal en nuestro bolsillo, dando pie incluso a que esta información nos asalte de forma involuntaria en muchas ocasiones.

Analizando como nos está afectando este ‘festín’ informativo no puedo evitar encontrarme nadando entre sus pros y sus contras. Como dijo Hume, ‘la información es poder‘, pero actualmente como consumidores de contenidos estamos muy lejos de sujetar la sartén por el mango. Por un lado es cierto que toda esta cantidad de información de fácil y rápido acceso nos abre un gran abanico de posibilidades. Me atrevería a decir que actualmente se comenten menos errores (sin el respaldo de algún estudio que lo demuestre). La información nos ha permitido optimizar nuestras vidas en la medida en la que nosotros hemos dado pie a ello. Eso, a priori, no es malo.

¿Pero qué sucede cuando el exceso de información se convierte en un problema? Con sinceridad reconozco que a mí se me ha llegado a ir de las manos en más de una ocasión. He tenido la sensación muchas veces de que cualquier cosa podría haberla hecho de forma más eficiente y que en algún lugar de la red habría podido encontrar la información para conseguirlo. Realmente me he negado a mi mismo la opción de ser yo mismo con mis virtudes y mis numerosos defectos. La información, en grandes cantidades, me ha convertido en una persona diferente quizá mas artificial y más cercana a un robot que a un ser vivo. Un robot analiza cual es la mejor decisión antes de tomarla. Un ser humano siente lo que debe hacer y lo hace, sin más.

Me da miedo que con el paso de los años toda esta información de fácil acceso llegue a anular poco a poco nuestra capacidad de pensar y actuar. Muchas de nuestras decisiones están muy influenciadas tanto por la valoración de expertos en blogs como por la opinión de otros como nosotros en foros. Cuando queremos comer no elegimos un restaurante de forma espontanea sino que consultamos cual es el que mejor calidad precio tiene en Tripadvisor. Si queremos ver una película el cartel ya no importa sino que previamente hay un análisis de valoraciones que hicieron otros en IMDB. Si queremos vestir ‘bien’ sabemos exactamente cuáles son las tendencias y que es lo que debemos llevar según GQ. Cualquier decisión que tomamos, por pequeña que sea, lleva delante un proceso (consciente o inconsciente) de recopilación de datos con el objetivo de acertar con la opción elegida.

A veces intento imaginar como tomaríamos estas u otras decisiones en los 90, cuando ibas al cine sin saber ni que películas echaban, cuando salías a cenar y te metías en el primer sitio que te parecía que tenía buena pinta desde la puerta o cuando comprabas en la tienda de ropa del barrio sin importarte que dirán en Saville Row. Cuando tomábamos espontáneamente ese tipo de decisiones éramos realmente nosotros. Ahora cada uno de nosotros somos todos en parte. Nuestra forma de pensar se ha convertido en pensamiento global. Cada día más cerca de actuar como un robot. Cada día más obesos de información.

Por suerte todavía queda gente que me gusta llamar ‘autentica’, entre los cuales tristemente no puedo incluirme todavía.

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Un comentario en “Infobesity, o como la información engorda nuestro cerebro.

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