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Descubrir algo por segunda vez


niña comiendo yogurt orejas de punta

Por si no te habías dado cuenta ya estamos en 2015. Bien! Celebrémoslo tomando unas cañas, como debe ser!

Las Navidades han pasado muy rápido. Cada año se me hacen mas cortas pero no lo son precisamente. Aproximadamente dos semanas largas, un par de decenas de días, una cantidad considerable de horas. Eso es lo que dura la Navidad. Tradicionalmente se han medido en tiempo tal y como medimos cualquier periodo que empieza y acaba en una determinada fecha.  Pero yo creo que esta forma de medir el tiempo no sirve para estas fiestas. Merecen ser la excepción, tienen que serlo. Os contare mi nueva forma de medir las Navidades. Para mí estas duran exactamente lo que tarda cada individuo en comérselo todo.

Esta es una verdad absoluta. La Navidad debería medirse como el periodo de tiempo que va desde que empiezas a comer y beber ‘como si no hubiese un mañana’ hasta que terminas el ultimo cacho de roscón y entonas la frase ‘que ganas de que acaben las fiestas y volver a comer sano’. Es en ese punto cuando se acaba. Se acaba el roscón, el cordero, los cachos de turrón del tamaño de Cuenca, las copas cargaditas, las cañas+tapas  y todas esas cosas que has comido y bebido en cantidades salvajes, que para eso era Navidad!

Y ha sido así como entre bocado y bocado ha llegado la empinada cuesta de Enero y parece ahora que has crecido como ser humano, que te sientes más grande. No es que tu espíritu se haya llenado de paz y bondad en estas últimas semanas sino que realmente estas más grande, eres más grande, estas un pasito más cerca de Paquirrin. La bascula no miente. Te has puesto como el Kiko (Paquirrin otra vez) y lo sabes… (hasta Julio te lo dice). Utilizas la clásica excusa de que ‘los vaqueros están recién lavados’ o te sigues aferrando a que ‘has crecido de espaldas’ pero no es así. Te has puesto fino y has echado por tierra la omnipresente ‘Operación Bermuda’ (este término lo acuñe yo y algún día sera universal).

Durante las próximas semanas toca desintoxicación, dieta detox, depurar ‘a saco’… (llámalo como quieras). La desintoxicación no es más que comer como lo haces siempre, con la frecuencia de siempre, en las cantidades de siempre pero con el requisito por el cual la palabra Light preside cada producto que compras. Nos convertimos en rastreadores de todo lo light, lo ligero, lo desnatado, con el único propósito de perder unos gramos y hacer así mas light también nuestra conciencia (que poco te importó cuando te comías los langostinos hasta con cabeza!). Esta es la época del año donde puedes ver individuos ‘achinando’ los ojos tratando de descifrar las etiquetas de los envases a dos palmos de su cara. Se han visto incluso peleas salvajes por la última piña de la estantería. En estas fechas la frutería esta que echa fuego! Los supermercados parecen bibliotecas. Los McDonalds se quedan vacios…

Arrepentido yo también por tanto exceso navideño me encontré el otro día entrando por la puerta del supermercado con la cabeza muy baja y las esperanzas de desintoxicarme rápido muy altas. Entre mis propósitos de 2015 no está el cambiar según que tradiciones y me había quedado sin postre. Necesitaba comprar yogures. No resulta fácil comprar un yogurt en estos tiempos modernos. Hay tantos tipos, texturas, sabores y colores que a veces reconozco tomar las de Villadiego y asegurar el tiro con cuatro flanes. Pero esta vez quería yogures (los necesitaba) desnatados, de frutas, 0%, descafeinados, para desintoxicar rápido y bien… Pero me equivoque. No sabría explicar el motivo, pero por una incomprensible vuelta del destino acabé echando al carro algo más clásico, un manjar que llevaba tiempo sin probar, algo puramente vintage: un pack de yogures normales (con todas sus calorías por supuesto).

Durante los últimos años no me había planteado comprar un yogurt que no fuese desnatado. Partiendo erróneamente de la máxima ‘si sabe igual y tiene menos calorías, para que vas a comprar el normal’ ahora me siento engañado y lo he estado mucho tiempo. Y es que la principal diferencia entre un ‘yogurt desnatado 0% light‘ y uno con todas las calorías posibles es precisamente que no saben igual. No pueden saber igual. No son cosas ni parecidas aunque se llamen igual. Es como comparar un utilitario con un deportivo. Los dos te llevan de un sitio a otro y van perfectos para dar vueltas a la M40 pero no, no son lo mismo. No es lo mismo alimentarse que comer (como no es lo mismo desplazarse que conducir). Con mi yogurt normal yo conduzco. Lo conduzco despacio, saboreándolo, disfrutando y notando cada una de sus calorías extra pasar por mi garganta. Como he podido estar tanto tiempo sin comer uno de estos? Tanto tiempo que incluso había llegado a olvidar lo que me estaba perdiendo. Con cada cucharada retrocedo hacia mi niñez tanto que puedo hasta sentir el picor de aquellos horribles jerseys de grecas que ahora tanto se llevan (y llevo).

Esto me ha hecho reflexionar. Por poner un ejemplo práctico, me planteo si querría una relación sentimental light, sin enfrentamientos verbales, ni celos, ni malos momentos pero consecuentemente también sin momentos de pasión desorbitada, sin morir de amor tres veces al día o sin deseo sexual salvaje. Disculpar pero yo esto no lo quiero. Y a pesar de haberle declarado abiertamente la guerra a la báscula y haberme apuntado ya a la Operación Bermuda (todavía quedan plazas!), esto no lo compro. Ya buscare la forma de liquidar estas calorías de más que amistosamente me regalan mis yogures vintage.

Desde este momento me declaro abiertamente un junkie de los yogures de toda la vida. Quizá hasta llegue a formar un club…

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4 comentarios en “Descubrir algo por segunda vez

  1. JOKINN dijo:

    “No resulta fácil comprar un yogurt en estos tiempos modernos” ME PARTO!!! XD , danone sabores de toda la vida , macedonia y coco jummm!!!

    • A mi la verdad que cada día me resulta mas complicado. Entre normales, desnatados, con frutas, sin frutas, de muesli (que no se muy bien lo que es), bio, griego… Luego mezclas todo eso y te da un abanico de 300 tipos de yogurt diferentes! Pues eso, que al final flan de huevo y así no me ‘pego la leche’.

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