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Hipsters, mascotas y complementos que respiran


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Como ya sabéis yo soy un defensor de ‘lo moderno’, posicionado como el primero de la lista de ‘modernos de mierda’, pero hay ciertas cosas del universo hipster que no podemos permitir. Últimamente está muy de moda todo el tema de consumir productos ecológicos (y asumir su elevado precio como muestra de savoir-faire) pero esta tendencia ha tocado techo y han acabado pagando las pobres gallinas. La alarma se me ha disparado al saber que el volumen de abandonos de estas ‘aves ponehuevos’ ha aumentado brutalmente en los últimos años. Los culpables de todo esto son (como no) los hipster, que en un arrebato ecológico-granjero decidieron adoptar a estas como animal de compañía y beneficiarse así del consumo gratuito de huevos ecológicos.

No estoy bromeando. El  tema mascota esta descontrolado. Tiempo atrás se entendían estas como simples animales de compañía, seres vivos a los que querer y cuidar, bichos peludos con grandes cantidades de amor para ofrecer gratuitamente a su dueño. Todo se limitaba a tener un perro o un gato en el 90% de los casos (aunque siempre había algún raro que tenia hamsters, tortugas, peces o cualquier otro bicho poco social). En la actualidad el tener una mascota va mas allá de elegir entre perracos o gatetes, la elección es mas ‘que uso le quiero dar a mi mascota?’. Y es que estas se han convertido en fiel reflejo de la personalidad de su dueño hasta el punto de servir de complemento imprescindible y elongación de si mismos. Un objeto más que quizá te haga pertenecer a un determinado segmento social o ser la envidia de todos tus amigos y de la mitad de tu barrio cuando lo luzcas orgulloso.

También es cierto que no es demasiado justo decir que esta fiebre no viene de décadas atrás. Siempre a habido frikis con sus mascotas frikis. Recuerdo algunas ilustres ‘tipical espanis’ como fueron el gran caballo Imperioso, inseparable de Jesús Gil incluso hasta en la televisión, o Currupipi, una excentricidad mas dentro del amplio catalogo de su dueño Jesulin de Ubrique. Pero la diferencia es que ellos no elegian una u otra entre extravagantes mascotas para entrar en el ‘hall of fame’ de la modernidad, lo hacían porque por su forma de ser no cabía esperar otra cosa. Y ahora no es así.

Ahora la mascota es algo más. La mascota es protagonista a la par que su dueño, y el nivel de protagonismo aumenta a la vez que el de afecto y cariño disminuyen. Los gatos están hasta en la sopa y estas out si no los tienes, aunque esto siempre puedes compensarlo vistiendo o usando alguno de los mil complementos con referencias a felinos, protagonistas indiscutibles en todas las redes sociales (hay gente que parece tener uno solo para fotografiarlo). El perro-bolso se perfila como el must de las pijas, un animal de dimensiones reducidas que puedes llevar en el bolso y meterlo con pleno derecho en cualquier lugar, un animal que no sabe lo que es dejar de tiritar o pisar el suelo (además puedes ponerle infinidad de ropa y accesorios, como a una Barbie). El hurón y su transformación en el nuevo animal ‘paseable’ también fue tendencia hace algunos años (hasta yo quise tener uno), una perfecta combinación entre perro-bolso-paseable pero indudablemente mucho más cool. La desagradable rata es un imprescindible en el hombro de cualquier amante del negro que tenga como despertador cualquier canción de Placebo (un día yo acaricie una y reconozco que sentí amor). Mención aparte tiene todo el tema reptiles, bichos mortales y grimosos que tendrás que tener metidos en cajas de cristal para proteger tu vida (el favorito de la gente ‘rara’). Cerdos orientales en formato mini que harán replantearte tu lista de la compra cuando vayas al supermercado, versiones limpias y adorables del típico ibérico que tan buenos jamones da. Perros deportistas a los que someter a todo tipo de torturas como entrenamientos acrobáticos  o maratones con la correa enganchada al manillar de la bicicleta (tu perro no te ha pedido hacer deporte! Y si Decathlon no los vende es por algo). Primates agresivos con los que sentirte identificado (aquel amigo que no tuviste de pequeño). Gallinas ‘ecolohipsterianas’ que tener en el jardín de tu casa y disfrutar de sus frutos en forma de huevos hasta que dejen de ponerlos y haya que abandonarlas o comérselas (las gallinas solo ponen huevos durante 2 años).

Se nos va de las manos. Cada vez será más raro ver a alguien con un perro de los de toda la vida lanzándole el palo para que te lo traiga o un gato tranquilamente dormido donde le de la gana (si, los gatos duermen sencillamente donde les da la gana) sin que el sangrante flash de un móvil le alumbre. Y me pregunto que será lo siguiente. Quizá la fiebre por los wearables lleve a ponerle una Fuelband al perro o a cambiar la fixie por un caballo y aparcarlo alegremente en la puerta del bar de moda de Malasaña. Lo que si tengo claro es que si las mascotas de los modernos de ciudad pudiesen hablar (quizá eso sea lo próximo) nos mandaban a todos a tomar por culo.

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